¡Peligro! Universitarios hambrientos

Cuando el estómago ruge más que Katy Perry   acudimos a la llamada de auxilio “¡¡Mamá ¿qué hay de comer?!!”. Pero, y si nuestra querida progenitora no está para velar por los desvelos de su retoño… la cosa se complica.

Emanciparse (aunque  vivas en el piso de enfrente) siempre es difícil, y más cuando lo más cerca que has estado de una sartén es en Ikea.

Lo primero que todo humano universitario, soltero y poco apañao debe tener al alcance de su mano siempre es el teléfono de emergencia, de emergencia culinaria, esto es: número de Mama o de la Yaya. Si cuentas con ese recurso nunca más volverás a pasar hambre.

Además existen también los números comodín, léase: Pizzería Giovanni, Chino La gran Muralla, Hamburguesería Cangreburguer… no importa que religión profeses, a partir de ahora ellos serán tus dioses. Amén.

Google es dueño y señor de la sabiduría universal, pero tú no. Un fallo garrafal de principiante es intentar llevar a cabo una receta sacada de un super blog de cocina. Se han dado de casos de abominaciones culinarias tales como la resurrección del pollo al curry, la paella choricera o (mi favorito) el flambeado de cejas a la riojana.

Para evitar estos y otros desastres debes tener siempre a mano un armario, estante, bolsa de basura… con los alimentos básicos que todo ser humano con dos manos sabe cocinar:

–          Pasta: tampoco vayas de súper chef. En la cocina, como en la cama un sábado noche, lo mejor es ir a lo seguro, espaguetis y macarrones… en la cocina.

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–          Tomate: nada de elementos naturales, olvida eso que oíste de la dieta orgánica. Aprovisiona tu despensa con latas, bricks, y botes de tomate como si de un holocausto nuclear se tratase.

Nota: necesitarás también un nanas(si no sabes lo que es, es porque usas platos desechables. Lo vas a necesitar).

–          Sopa, puré de patata, fideos chinos…: cualquier cosa que vaya envasada y que rece “abrir, servir y listo” será tu compañero más fiel, especialmente en la temporada de exámenes.

–          Coca-cola (Pepsi si eres pobre) y demás bebidas con cafeína: todo líquido que posea el poder de despertar a un elefante en trance, es digno poseedor de un rincón en tu despensa.

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–          Cereales y leche: indispensable en toda dieta universitaria. No sirve el zumo, ni el Cacolat. Si en tu despensa no puedes sumar más de tres cajas distintas de cereales, no eres nadie.

–          Pan de molde y Nocilla: esta combinación es al estudiante lo que el maná a los dioses griegos. Piensa que si Punset lo anuncia y Victorio y Lucchino lo diseñan… ha de ser bueno.

Al gusto de tan suculento manjar debes sumar que los botes de Nocilla son perfectos para rellenar el hueco de los vasos que han ido muriendo.

–           Cerveza y alcohol: sobran las explicaciones.

Estos alimentos te pueden salvar de la hambruna extrema, nuca está de más contar con un compañero de piso que sea “cocinitas”. Eso sí, mejor si no se parece a Chicote, porque a sus ojos nada de lo que hagas será comestible.

Los más aventajados tienen en su estantería un libro más sagrado que la Biblia, yo lo llamo “El socorrito parental”, es decir, un cuaderno con manchas milenarias que recoge la sabiduría básica de una madre.

¡Ah! Qué eres uno de esos listillos… pues venga dime, ¿qué crees que falta en la lista de alimentos sagrados? Deja tu respuesta abajo en los comentarios y no olvides votar en la encuesta de esta semana.

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